El arcángel en ruinas
“Un
gran talento exige una gran responsabilidad” se dice coloquial y formalmente,
y
dicha frase parece caer por su propio peso a medida que un artista hace su
camino en la vida
y la sociedad, confundir la libertad y el libertinaje, la
propiedad y la rebeldía, son detonantes de una vida de caos y decadencia muy
características de una persona original y virtuosa en la labor artística y
hasta en la vida, lo cual podemos observar desde que la historia de los hombres
existe. En el cuento “Los violines gemelos”
Miguel Aníbal Perdomo muestra en una experiencia tan vivida como
realista;
como se desarrolla la vida de
ese atópico artista que, con una marcada sensibilidad y rechazo
a la sociedad
se hunde sin saber en un abismo sin vuelta atrás.
El
ambiente y punto de vista en primera persona fueron espectacularmente sinceros,
la pobreza de la que vivía ungido nuestro protagonista era como un imán del que
salía y volvía a entrar por voluntad e inercia, como si existiese un trasfondo psicológico de auto-castigo por no ser lo que debería ser para su país, sector y
planeta; una estrella de fama internacional de la Música clásica.
“Para crecer
como músico, debes crecer como persona” es un proverbio de la escuela
tradicional soviética, de la cual creció este ángel moribundo, y la cual he conocido,
frase de la cual pareciera desapegarse sin poder huir de la consecuencia.
El ambiente de “perdición” y bohemiedad son
la transpiración de este cuento tan bellamente relatado,
sin más ni menos, el
autor evidencia con nombres de calles y títulos a lujo de detalle,
lo que tanto
el oyente como el interprete vive en la ciudad que nunca duerme (Nueva York),
desde un punto de vista imparcial y sobrio, lo cual ayuda a confiar en su
juicio de las situaciones expuestas.
A mi
propia experiencia siempre en mi vida musical de 6 años he tenido algunos
colegas entrañables
como irritables, en cuanto a su capacidad de desenfocar su
vida en el ocio excesivo o las drogas,
entre otras cosas, prometedores músicos
de mi generación descargando la tensión en el auto-vaciamiento
de sus talentos,
desperdigados por la calle y las botellas en el fondo de un auto ajeno o la
zona colonial.
En el plazo en que en el
cuento se muestra que el protagonista observó a su “alma gemela”
sería el plazo
en que sé que mis amistades llegarían a ese punto, por eso puntualizo la
veracidad
de Miguel A. Perdomo; quien egreso de la UASD como licenciado en
Literatura y obtuvo su doctorado
en Nueva York, donde enseña en las
universidades Queens College y Hunter.
Me muestro
completamente alineada con la neutralidad de este autor quien, sin dejar de
mostrar el afán
de un ser humano con una acusada química artística y aprecio
por por otro, pudo involucrarse en ayudarle, teniendo el discernimiento de no
hundirse con el y con el tiempo dejarle libre a su destino.
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