domingo, 21 de agosto de 2016

Comentario:

                                                       El arcángel en ruinas

“Un gran talento exige una gran responsabilidad” se dice coloquial y formalmente,
 y dicha frase parece caer por su propio peso a medida que un artista hace su camino en la vida 
y la sociedad, confundir la libertad y el libertinaje, la propiedad y la rebeldía, son detonantes de una vida de caos y decadencia muy características de una persona original y virtuosa en la labor artística y hasta en la vida, lo cual podemos observar desde que la historia de los hombres existe. En el cuento “Los violines gemelos”  Miguel Aníbal Perdomo muestra en una experiencia tan vivida como realista;  
como se desarrolla la vida de ese atópico artista que, con una marcada sensibilidad y rechazo
 a la sociedad se hunde sin saber en un abismo sin vuelta atrás.
El ambiente y punto de vista en primera persona fueron espectacularmente sinceros,
 la pobreza de la que vivía ungido nuestro protagonista era como un imán del que salía y volvía a entrar por voluntad e inercia, como si existiese un trasfondo psicológico de auto-castigo por no ser lo que debería ser para su país, sector y planeta; una estrella de fama internacional de la Música clásica. 
“Para crecer como músico, debes crecer como persona” es un proverbio de la escuela tradicional soviética, de la cual creció este ángel moribundo, y la cual he conocido, frase de la cual pareciera desapegarse sin poder huir de la consecuencia.
  El ambiente de “perdición” y bohemiedad son la transpiración de este cuento tan bellamente relatado,
 sin más ni menos, el autor evidencia con nombres de calles y títulos a lujo de detalle,
 lo que tanto el oyente como el interprete vive en la ciudad que nunca duerme (Nueva York), desde un punto de vista imparcial y sobrio, lo cual ayuda a confiar en su juicio de las situaciones expuestas.
A mi propia experiencia siempre en mi vida musical de 6 años he tenido algunos colegas entrañables 
como irritables, en cuanto a su capacidad de desenfocar su vida en el ocio excesivo o las drogas, 
entre otras cosas, prometedores músicos de mi generación descargando la tensión en el auto-vaciamiento
 de sus talentos, desperdigados por la calle y las botellas en el fondo de un auto ajeno o la zona colonial.
  En el plazo en que en el cuento se muestra que el protagonista observó a su “alma gemela” 
sería el plazo en que sé que mis amistades llegarían a ese punto, por eso puntualizo la veracidad 
de Miguel A. Perdomo; quien egreso de la UASD como licenciado en Literatura y obtuvo su doctorado
 en Nueva York, donde enseña en las universidades Queens College y Hunter.
Me muestro completamente alineada con la neutralidad de este autor quien, sin dejar de mostrar el afán 
de un ser humano con una acusada química artística y aprecio por por otro, pudo involucrarse en ayudarle, teniendo el discernimiento de no hundirse con el y con el tiempo dejarle libre a su destino.

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